Siempre digno de compartir
Después de aceptar a Cristo, le compartí el evangelio a mi madre. En lugar de tomar una decisión por Él, como yo esperaba, dejó de hablarme por un año. Oraba por ella y la llamaba todas las semanas. El Espíritu Santo me consoló y siguió obrando en mi corazón mientras ella me trataba así. Cuando por fin respondió mi llamada, me comprometí a amarla y compartir la verdad de Dios siempre que tuviera la oportunidad. Meses después, dijo que yo había cambiado. Casi un año después, recibió a Jesús como su Salvador, y nuestra relación se profundizó.
Vale la pena
Después de que una amiga cortó sin explicación nuestra amistad, volví a mi antiguo hábito de mantener a distancia a la gente. Mientras procesaba mi dolor, tomé un ejemplar de Los cuatro amores, de C. S. Lewis, donde hace una poderosa observación de que el amor implica vulnerabilidad. Afirma que «no hay inversión segura» cuando alguien se arriesga a amar. Sugiere que amar «algo [llevará a que] tu corazón se retuerza y posiblemente se rompa». Leer esas palabras cambiaron mi manera de leer el relato de la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de su resurrección (Juan 21:1-14), y tras la negación de Pedro, no solo una sino tres veces (18:15-27).
El gran amor de Dios
Cuando una amiga me pidió que les hablara a unas adolescentes en un taller sobre la pureza, me negué. A esa edad, yo había luchado con eso y llevé durante décadas marcas provocadas por mi inmoralidad. Después de casarme y perder a nuestro primer bebé durante el embarazo, pensé que Dios me estaba castigando por aquellos pecados. Cuando entregué mi vida al Señor, a los 30 años, confesaba repetidamente mis pecados y me arrepentía. La culpa y la vergüenza me consumían. ¿Cómo podía compartir de la gracia de Dios si ni siquiera yo podía experimentar plenamente su gran amor por mí? Gracias a Dios, con el tiempo, Él eliminó las mentiras que me encadenaban a mi pasado. Por su gracia, por fin recibí el perdón que me había estado ofreciendo todo el tiempo.
¿Dónde está Dios?
En los libros de Martin Handford ¿Dónde está Wally?, una serie con entretenimientos para niños que apareció por primera vez en 1987, el escurridizo personaje viste camisa y sombrero a rayas rojas y blancas, pantalones vaqueros, botas marrones y gafas. Handford ha escondido hábilmente a Wally en ilustraciones llenas de gente en diversos lugares del mundo. No siempre es fácil verlo, pero el creador promete a los lectores que siempre lo podrán encontrar. Aunque buscar a Dios no es como buscar a Wally en un libro, nuestro Creador promete que podremos encontrarlo también.
Somos uno
En una pequeña comunidad agrícola, las noticias viajan rápido. Varios años después de que el banco vendiera la granja que la familia de David había poseído por décadas, se enteró de que la propiedad se pondría a la venta. Después de ahorrar con mucho sacrificio, David llegó a la subasta, donde había casi 200 granjeros locales. ¿Podría ofrecer lo suficiente? Hizo la primera oferta, respirando profundo mientras el subastador llamaba a ofrecer más. La multitud se mantuvo en silencio hasta que se oyó el golpe del martillo. Los demás granjeros pusieron la necesidad de David y su familia por encima de su propio progreso económico.
Amar dondequiera que vayas
Durante unas vacaciones, me senté en el muelle, mientras leía la Biblia y miraba a mi esposo pescando. Un joven se acercó y le sugirió que usara una carnada diferente. Me miró de reojo, y moviéndose inquieto dijo: «Estuve preso». Señaló mi Biblia y suspiró: «¿Piensa que a Dios realmente le interesan personas como yo?». Abrí en Mateo 25 y leí en voz alta donde Jesús hablaba de que sus seguidores visitaban a los presos.
Practicar lo que se predica
Comencé a leerles la Biblia a mis hijos cuando el menor, Xavier, empezó el jardín de infantes. Buscaba momentos apropiados y compartía versículos que se aplicaban a las circunstancias, y los alentaba a orar conmigo. Xavier los memorizaba fácilmente, y si nos encontrábamos en una situación en que necesitábamos sabiduría, citaba aquellos que arrojaban luz sobre la verdad de Dios.
Fe resiliente
Las dunas que crecían junto a la ribera del Lago Silver hacían que las casas cercanas corrieran el riesgo de hundirse en la arena. Aunque los residentes trataban de mover los montículos en un esfuerzo por proteger sus hogares, observaban desesperados cómo sus casas bien construidas quedaban sepultadas delante de sus ojos. Cuando un oficial local vio que limpiaban una cabaña recientemente destruida, afirmó que el proceso no podría haberse evitado. Por más que los dueños de las casas intentaran evadir los peligros de estos terraplenes inestables, las dunas no brindaban un cimiento firme.
¿Qué eres?
Cuando entré a la heladería con mi hijito mestizo de cinco años, el hombre detrás del mostrador me miró y luego se quedó mirándolo fijo a él. «¿Qué eres?».
Verdadera identidad
Mientras mi amiga miraba las fotos que le había tomado, señalaba los rasgos físicos que consideraba imperfecciones. Le pedí que mirara más de cerca. «Veo a una hija hermosa y amada del Rey de reyes —observé—. Veo a alguien que ama a Dios y a otros, cuya bondad, generosidad y fidelidad han marcado una diferencia en muchas vidas». Cuando noté que se le llenaban los ojos de lágrimas, exclamé: «¡Creo que necesitas una tiara!». Más tarde, elegimos la corona perfecta para mi amiga, para que jamás olvidara su verdadera identidad.